Pablo Gamboa, una nueva magia

Edgar Dávila Soto – Septiembre 07, 2016

Cuando algo se desprende de su núcleo se genera una ruptura, motor de la mutación del ser. La dependencia nos provee y nos alimenta.  Despojarse de lo que alguna vez fuimos y empezar a transformarse es parte de. Conseguir un equilibrio, en cualquiera de los estados que nuestra materia haya evolucionado, es la mejor forma de llevarlo. Y aunque la felicidad se traduzca intrínsecamente en formatos de ese núcleo, ya lo vemos de lejos, nos confrontamos con nosotros mismos, hasta el punto de poder nuevamente ser. Pero los fantasmas son desechos que se usan.

En el taller de Pablo Gamboa, las cosas parecen que han podido llegar a soltar ese núcleo, desprendido de su primera vida, han vagado como fantasmas y han vuelto a cargarse de esencia.

Llegué hasta el barrio América, puede ser un barrio tradicional, pero quizás muchos quiteños conozcamos poco  o nada del sector. Todas las calles tienen nombres de países. Conversaba con Pablo sobre la posibilidad de un barrio muy acomodado en los cincuentas, apartado del centro y a la vez limitante de uno de los sectores con la mejor vista de la ciudad, San Juan. Con un mercado de mediana escala, un hospital y el parque La Alameda a pocas cuadras.

Subimos hasta su taller, Pablo Ocupa toda la casa, en lo pisos altos vive con su familia, y el departamento intermedio lo ha adaptado como taller/galería. El hall de entrada tiene colgado arte en las cuatro paredes, obra de Gamboa de varios años.

Una pared llena de bocetos llamó mi atención, parecería ser el mapa desde donde parten varias ideas y conceptos del artista.

En una de las habitaciones aun quedan piezas de la obra “Multicolor” una serie donde prevalece el plástico y la adaptación del mismo a nuevas formas.

En otro de los cuadros habita una batería, me comenta de su paso por la música, una banda de amigos que por épocas ambientaba el taller del artista.

Ya en el espacio principal, una especie de instalación hecha de troncos, sin finalizar, comparte con varias piezas de otras series ubicadas alrededor del lugar.

Pablo encuentra estros troncos  en sus viajes a la costa. Una especie de hallazgo en bruto que se va puliendo a medida que el Gamboa va interviniendo las piezas.

En una esquina, un escritorio junto a libreros conforman el espacio desde donde Gamboa planifica y promueve sus proyectos. Cerca del corredor, espacio de tránsito, esta ubicada la bodega, llena de materiales, papelógrafos y piezas de otras épocas.

Objetos que han sido configurados para recobrar su alma, vida y cuerpo esperan junto a la puerta.

Un patio trasero sirve para la creación y el esparcimiento, parecería ser un lugar donde mientras las ideas proliferan el artista va a la par con su trabajo.

Me había recorrido el sitio a totalidad, hasta un pequeño pulmón (tragaluz) del departamento que estaba en desuso. Pablo se había levantado de la silla, desde donde conversábamos de los estados del arte.

Me dio tres opciones de trueque, “Timeline” llamó mi atención. Una instalación que posee el poder del lenguaje de las sombras. Me despedía de Pablo, con el cuestionamiento de darle esencia a lo que está opaco, una nueva magia a algo que tiene cuerpo pero que por varios motivos ha perdido parte de su alma. 

Edgar Dávila Soto – Septiembre 07, 2016

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2017-07-10T20:49:39+00:00