Echeverría Kossak resalta la fuerza de lo orgánico

El Telégrafo – Abril 03, 2017

La muestra Dinámicas de poder plantea al espectador una lectura crítica sobre el espacio, la naturaleza y lo humano.

En la obra de Carlos Echeverría Kossak se despliegan narrativas  pictóricas en las que se visualizan las formas cómo opera el poder. En su caso, la tensión entre el espacio con la naturaleza y el ser humano es lo que se expone en los cuadros de su última muestra, Dinámicas de poder, inaugurada el anterior jueves en la galería y taller Más Arte.

Ocho cuadros, un mural hecho in situ y un video realizado en stop motion marcan un discurso en el que la fuerza de lo orgánico se sobrepone a las arquitecturas que son concebidas para los humanos. También se refleja cómo estructuras de poder (como un consejo nacional electoral, un museo o una refinería sobre el mar) representan el agotamiento de modelos ya caducos.

El individuo, generalmente, entabla con el espacio una relación ideal, una  necesidad ergonómica que anula cualquier posibilidad de convivencia con otras especies. El ser humano materializa en la arquitectura sus deseos de crear entornos que funcionen sobre la base de sus necesidades. Estas nociones antropocéntricas son cuestionadas en los cuadros ‘Síntesis’  y ‘Un domingo’, ambos ejecutados en acrílico y carboncillo sobre lienzo.

En el primero se observa a la naturaleza recolonizando el espacio. Un cactus va creciendo sobre una banca hasta el punto de envolverla parcialmente, como si demandara la permanencia del sitio que le fue arrebatado. La obra, creada desde un enfrentamiento directo con el lienzo,  revaloriza el ingenio de las plantas para subsistir.

“Las plantas, en general, utilizan la sensibilidad de la luz como las neuronas en los animales. Aquello  coquetea con la idea de inteligencia en las plantas. Es decir, no solo hacen la fotosíntesis, sino que despliegan estrategias de sobrevivencia”, dice el artista ecuatoriano-polaco, quien en 2011 obtuvo su Ph.D. en Bellas Artes por la Academia de Bellas Artes de Cracovia y actualmente es profesor en la Universidad San Francisco de Quito.

“La pintura es una suerte de expresión que vincula a mis dos culturas. Ambos (Ecuador y Polonia) son territorios parecidos, son católicos; hay zonas periféricas en relación con sus núcleos. En mi obra planteo  una crítica del modernismo. Es interesante estar en esta posición de un territorio que tiene una visión posutópica, que sería el bloque del este de Europa y este otro territorio latino que pasó al posmodernismo sin pasar por el modernismo. Esto abre un campo de crítica para cuestionar ciertas relaciones con el entorno y el sistema”, añade Echeverría Kossak.

En el cuadro ‘Un domingo’, en cambio, el artista retrata a políticos mundiales como Vladimir Putin, Tony Blair o Xi Jinping haciendo gestos de indiferencia frente a su entorno. En esta obra surgen dos especies de naturaleza: una más radiante y verdosa, pero alejada del ser humano. Y otra más opaca y sombría, pero cercana al individuo.

Siguiendo este relato, el video que añadió Echeverría Kossak a Dinámica de poder muestra a una maceta despedazándose por acción de unas plantas. Ellas crecen, pero el espacio no les alcanza.  Hay un gesto violento de ocupación del espacio.

En ‘Huracán’ aparece dibujada una maqueta del Consejo Nacional Electoral de Ecuador, sobre la cual se proyectan a tres perros pintados en fucsia y siguiéndose entre sí, como si estuvieran peleando con rabia.  La subjetividad de este espacio de poder es proyectada con tensión, con animalidad, con furia.

En ‘Museo’, hecho en acrílico y pastel seco sobre lienzo, se dibuja al New Museum de  Nueva York, una arquitectura inusual que le permite al artista pensar en la idea de posinstitución: ¿hacia dónde vamos? “En la actualidad tenemos un programa modernista que lo seguimos remodelando, pero hacemos lo mismo una y otra vez. Reciclamos  mecanismos modernistas que no han tenido ninguna reformulación importante con el espacio”, añade.

En tres cuadros de la muestra, Echeverría Kossak dibuja a  Berkut (la plataforma petrolera más grande del mundo) y a la refinería de Esmeraldas. Estas estructuras grandes, realizadas en pequeños formatos, son una representación de la disputa  entre la extracción de recursos naturales y el interés utilitario de los gobiernos de todo el mundo.

El espectador, finalmente, al entrar a la galería será recibido por un mural que es una suerte de espejo del espacio exterior. Como una señal distópica de hacia dónde va marchando la humanidad. (I)

El Telégrafo – Abril 03, 2017

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2017-07-10T20:32:18+00:00