Washington Guayasamín revela el comportamiento humano

El Telégrafo – Agosto 07, 2017

La muestra Mononono se presenta en la galería Más Arte hasta finales de este mes. La obra de Franz Kafka y Desmond Morris influenciaron al artista. Redacción Cultura El francés Jules Renard, autor del libro Historias naturales y reconocido por sus punzantes aforismos, escribió el 18 de agosto de 1905 en su diario lo siguiente: “Un mono: un hombre que ha fracasado”. Tiempo después, Franz Kafka trastocó esa idea en un breve relato al que tituló ‘Informe para una academia’ (1917), en el que un mono de nombre Peter el Rojo narra su proceso fallido de humanización luego de ser capturado durante una expedición de caza de la firma Hagenbeck.

“Un hombre: un mono que ha fracasado”, parecería ser la conclusión de Kafka en este texto que describe el proceso inverso al de La transformación, en el que un joven empleado de comercio, Gregor Samsa, se despierta una mañana de otoño convertido en un insecto.

En el caso de Peter el Rojo, el animal va hacia lo humano, lo monstruoso. “Repito: no me cautivaba imitar a los humanos; los imitaba porque buscaba una salida; no por otro motivo”, dice Peter el rojo, como si a través de esta sentencia planteara la gran farsa de la sociedad moderna: en la humanidad no hay libertad plena, ni el individuo tiene ventajas ‘racionales’ por sobre otras especies. Kafka trabajó la figura de los animales no humanos en contraposición de los animales humanos para revelar esa delgada línea que los separa.

La imagen del mono ha sido recurrente dentro del arte para expresar la animalidad natural que habita dentro de los individuos, pero que suele ser reprimida o voluntariamente negada.

El artista ecuatoriano Washington Guayasamín, en su última exposición Mononono, que se presenta hasta finales de este mes en la galería Más Arte, retoma la figura del mono para ubicarlo en contextos donde usualmente el ser humano se desarrolla o para exponerlo en condiciones donde el poder condiciona (y distorsiona) el comportamiento.

Desde 2008, Guayasamín ha explorado sobre la imagen del mono, primero a través del dibujo y luego, en 2015, con la pintura, guiado justamente por ‘Informe para una academia’. Otra de las obras que influyó en su serie llena de trazos gruesos, manchones y colores vivos, fue El hombre desnudo, de Desmond Morris, en el que el zoólogo y etólogo británico hace un estudio detallado del cuerpo del hombre, y examina las características biológicas de su anatomía y describe las maneras como la sociedad altera a los cuerpos, ya sea para exagerarlos o minimizarlos.

“Con la pintura y el dibujo expongo una mirada contemporánea sobre los comportamientos e inquietudes del hombre. Valiéndome de la representación de animales –monos- indago en el conflicto interno del ser humano por adaptarse a un medio en distintos ámbitos de su vida, con el dilema entre la adaptación (adiestramiento) o la muerte. La propuesta tiene como base una investigación sobre los diversos mundos que envuelven al ser humano en lo cotidiano”, dice el autor.

Agrega que en la muestra representa escenas y objetos usuales; una mirada contemporánea a la condición humana y a una cultura dominante, “en la que dependemos de estereotipos. La indagación realizada es de observación y representación; no de crítica”, dice Guayasamín en el resumen de su obra que acompaña a esta muestra.

En la exposición se observan cuadros en donde los monos aparecen bebiendo y consumiendo cocaína. Hay cuadros en que estos animales se enfrentan a un perro rabioso, o un cocodrilo albino. La figura de un cuervo, como símbolo de la muerte, ronda en algunas pinturas, así como los símbolos de poder que precarizan la vida.

En Guayasamín se percibe la influencia del barroco, movimiento con el cual se siente identificado. Caravaggio, Rembrandt, Bacon o Stornaiolo son algunos de sus permanentes referentes. (I)

El Telégrafo – Agosto 07, 2017

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2017-08-09T10:57:35+00:00