Las galerías optan por lo virtual y lo itinerante

El Comercio – 26 de febrero, 2019
Durante el 2018, en la galería + Arte, una de las más activas de Quito, se montaron 13 exposiciones y se exhibió la obra de 18 artistas. En el mismo periodo, en ARTex, un exhibidor virtual de arte contemporáneo, se mostró la obra de 150 artistas ecuatorianos.
 
Con el crecimiento del acceso que las personas tienen a Internet y a redes sociales, las galerías virtuales se han sumado a las dinámicas del mercado del arte, uno que en el país cuenta cada vez menos con galerías físicas. La última en cerrarse fue la de Ileana Viteri, abierta durante 11 años.
 
Para Gabriela Moyano, dueña de + Arte, una de las ventajas de las galerías de arte que mantienen su espacio físico es que la gente puede tener una interacción directa con la obra y muchas veces con el artista. “Me parece importante la experiencia de ir y ver la obra, sus dimensiones y sus texturas. El acto de asistir a una galería es algo que ayuda a la dinámica cultural de una ciudad”.
 
Esa dinámica de la que habla Moyano, para Roberto Arroyo, fundador de ARTex, es visible a través del número de artistas que pueden conocer las personas que entran a su página web. “La diferencia básica entre nosotros y una galería física es que ellos solo pueden exhibir un número determinado de artistas mientras que nosotros podemos mostrar el trabajo de decenas de ellos”.
 
A criterio de Arroyo, otra de las diferencias esenciales está en que los artistas pueden mostrar todo su portafolio, además de sus espacios de talleres o de exhibición en realidad virtual. “Pertenezco -dice- a una generación que no conocía mucho sobre los artistas locales y de las técnicas que trabajan. Ahora la única manera de difundir el arte en masa es por la vía digital”, sostiene.
 
Moyano cree que independientemente de que si una galería es virtual o física, el problema del mercado del arte en el país está dado por la falta de coleccionistas. Agrega que hay la idea errónea de que las galerías deben mantener el mercado del arte “cuando las galerías lo que son es un espacio más de visibilidad y de anclaje entre el comprador y la obra de arte”.
 
Pancho Suárez, de la galería No Lugar, concuerda con Moyano y recuerda que una de las formas de incrementar el coleccionismo en el país es seguir realizando ejercicios como el generado por Pilar Estrada y su club de coleccionismo que funcionaba en No Mínimo, otra de las galerías físicas que cerró en los últimos años.
 
Suárez cuenta que las galerías físicas dan a las personas otro tipo de experiencia. “Te dan otras posibilidades al momento de generar vínculos entre el público y los artistas a través de visitas guiadas o talleres. En una galería virtual puedes acercarte visualmente a una obra pero la experiencia de recorrer un espacio de forma física te genera cercanía”.
 
Por eso, el año pasado, en No Lugar, que se mudó al barrio de La Tola, se montaron 10 exposiciones y se realizó una serie de visitas guiadas. Suárez añade que es importante que la gente que adquiera arte no solo lo haga por una cuestión de estatus o de valor económico, sino por lo que representa un obra y un artista dentro del relato histórico de una ciudad o un país.
 
Los colaboradores de POP-UP, una galería itinerante que también vende obras a través de una plataforma virtual, sostiene que en la actualidad las galerías se están adaptando a los nuevos públicos y que por eso han sumado espacios como el de los talleres. Ellos sostienen que quieren crear vínculos entre artistas emergentes, jóvenes y artistas con trayectoria.
El Comercio – Febrero 26, 2019

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2019-03-13T19:06:12+00:00