Quito, un día antes de la cuarentena por el covid-19. En la galería +Arte Patricio Palomeque (Cuenca, 1962) afina los detalles de ‘Ficcionarios’, una exposición a la que nadie podrá acceder, al menos de manera física, hasta que pase la emergencia sanitaria.

Ahí está una serie de cuadros, videos y esculturas (obras que se pueden ver durante estos días, en la página de Facebook de +Arte) que dan cuenta de varios de los momentos sociales y políticos que ha vivido el país y el mundo, durante el último año.

En medio del actual contexto social ver estas obras, desde la distancia, se ha convertido en una invitación para ahondar en la contemplación de la vida cotidiana, un ejercicio que antes de esta pandemia muchas personas creían innecesario.

En ‘Ficcionarios’ se puede contemplar una serie de paisajes atravesados por elementos simbólicos. Territorios que cobran nuevos significados, por la presencia de puentes, fundas de plástico, balanzas, borradores o palíndromos, palabras que se leen igual en un sentido que en otro.

En ‘Tentativas para agotar un lugar’, una escultura hecha con madera, hierro, imán y alambre galvanizado hay una invitación a reflexionar sobre el mundo de los desplazados. Personas que no tienen a dónde ir, como sucede ahora con los miles de indigentes que en medio del #QuétadeEnCasa no tienen un hogar.

También están obras como ‘Nocturno 1’, un acrílico que cuenta con la intervención del artista urbano Jonathan Mosquera. La obra es un cuadro, de gran formato, en la que aparece el edificio del colegio César Dávila Andrade de Cuenca y sobre esta edificación la palabra ‘you’ y un borrador Pelikan, con la bandera de China.

Cuando Palomeque habla de esta obra -entre él y el periodista hay una distancia prudencial para evitar el contacto físico- dice que la intervención de Mosquera es un detonante para pensar en el acto de borrar, como un acto político.

“La exposición se llama ‘Ficcionarios’ -agrega- porque parte de una historieta de ficción del argentino Horacio Altuna, publicada en 1983. La obra, encuadrada en el subgénero de la distopía, en la cual se habla de un mundo plagado de corrupción y desgastado por la explotación de la naturaleza. Como sucede a escala global, en las obras de Palomeque, las distopías ya no son el futuro sino el presente. En medio de estos paisajes arma una especie de simulacros, como sucede en ‘Funda negra’, una impresión UV sobre latón.

La obra hace referencia al olor a gas pimienta que se percibía en las calles de Cuenca, días después de las manifestaciones de octubre del 2019. Ahora, la funda negra, que vuela en medio de la calle vacía, también es un espejo del mundo en tiempos de cuarentena.