Pasar por el ojo de la aguja es pasar por el halo de la herida, desfibrar la carne y re direccionarla hacia el vestíbulo de la navegación. Rasgar y tropezar con velos que se suceden interminablemente hacia adentro; velos espesos y leves. Cada uno trae un silencio, un secreto. “No decirse ni a sí misma… callar…callar”. Rasgar es lastimar, hacer de la carne una tormenta valiente que cava y se encausa con fuerza por las zanjas taponadas de secretos que mutan en silencios condenados al escondite y a la vergüenza pero que ahora están escritos sobre superficies luminosas que empiezan a cerrar viejas heridas.

Desfibrar paulatinamente las pequeñas cosas de la casa – los objetos queridos – en la delicadeza de los actos aparece una herida, una memoria o un recuerdo. Vislumbrar una palabra…poder decir…murmurar quedamente…articular. Susurrar de manera que no pueda ser escuchada… susurrar… susurrar. Unir los susurros de las mujeres del hogar: de las abuelas, de las madres, de las hermanas y de las hijas; y, llamar a los abuelos, los padres, los hermanos y los hijos.

Mirarnos por primera vez: reconocernos. Entrar en el misterio de lo que ha sostenido la continuidad de las voces acalladas. Susurrar de manera que nuestra voz se convierta en un afecto que dibuja para ser observado y amplificado llegando a agitar y congregar nuevas pronunciaciones y vocabularios para alumbrar otras genealogías.

Abuelas, madres, hermanas, hijas y nietas que han cuidado a sus pequeñxs transformándose en ese tierno acto. Han comprendido el mundo y la fragilidad de la humanidad con ellxs y a través de ellxs. Han amado por primera vez incondicionalmente. Han aprendido a amar en las tareas más sencillas. Sus pequeñxs les han mostrado la profundidad de los puntos, quebrando líneas y sumergiéndolas en la inmensidad de las espirales.

Las exploraciones en blanco sobre blanco de Cinthia Guerra dan cuenta de esta inmensidad de espirales que desentierran entre las luces y las sombras. El misterio del blanco renueva los rasgos más sensibles de nuestra percepción y de nuestras memorias. Audre Lorde nos habla sobre la transformación del silencio en lenguaje y en acción, así como la autodeterminación y decisión de definirnos a nosotras mismas, de nombrarnos, de hablar por nosotras en vez de ser nombradas y expresadas por otros; es una necesidad vital. Es esa transformación por la que apuesta Cinthia en: Atávico.

Pilar Flores, Isadora Parra, Diana Acosta

Cena Familiar. Intervención, tinta sobre vajilla. Dimensión de la mesa. 0,80 x 0,50 cm.