homieFAZZ 2017-07-14T19:07:55+00:00

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de Que Zhiñin

del 29 de junio al 14 de julio, 2016

De la ciudad invivible a la ciudad imaginada
Un recorrido por la estrambótica civilización que habita en la obra de Zhiñin

 “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”. Italo Clavino

La canonización de ciertas maneras de “lo artístico” más aún cuando se trata de trabajar el espacio de ”lo público” en referencia a las prácticas del arte pero sobre todo el campo de la teorización del mismo, concluyen en designar de manera dogmática ciertos formatos y relatos (que generalmente a partir de la Academia) imponen desde la nomenclatura hasta sus características más intrínsecas, así palabras como arte público, arte relacional, inserción en la esfera pública, site specific, grafiti, artista urbano, arte y comunidad, etc. resultan ser etiquetas que delimitan pero sobre todo cooptan el accionar de productores artísticos como Q. Zhiñin, quien en su trabajo, que parte del estudio de la ciudad, ha logrado desdibujar la nomenclatura intelectualizada para sobreponerse como un trabajador urbano del arte, logrando (como lo analizaremos posteriormente) incorporar su propuesta tanto en sus ya muy conocidos trabajos como grafitero, en sus intervenciones públicas, pero sobre todo en sus proyectos más recientes como los personajes recortados en cartón, en sus pinturas o en su futura producción de animación, que entre otras guardan esa esencia que hace del artista un verdadero crítico de la urbe.

El formato así como el canon al talante Harold Blum logran un propósito de reordenar el mundo a una medida, para así entenderlo desde su organización; sin embargo, y para hacerlo menos aburrido, el arte actúa desde lo inhóspito, desde la crisis, desde el caos y es por eso que el trabajo de Zhiñin se interpone a lo que podríamos encasillar como una sola forma de hacer arte, dando a su producción la riqueza que se necesita para ser crítico desde su misma estructura, desde “el poderío de la forma” como contenedora en sí mismo de gnoseología y de conocimiento visual que derriba y fractura toda posibilidad de ser mera interpretación teórica de un acontecimiento dado.

Es así que sus estudios en la Escuela Superior de Arte HKB, Berna, Suiza o en la Universidad de Tel Aviv. Israel, entre otros; son solamente el puntal técnico con el que avala su extensa trayectoria que va desde exposiciones en Europa, hasta Medio Oriente pasando por el sudeste de Asia y América del Sur.

Todo ello ha configurado una amalgama de productos de corte urbano que repiensan la ciudad tal como Calvino lo hace desde esa postura crítica de la imagen de la “megalópolis”, como la ciudad continua, uniforme, que va cubriendo el mundo.

Arrimando el cliché neorromántico que parafraseando a Calvino nos mencionaría que “Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles”, efectivamente el trabajo de Zhiñin al igual que el mencionado Calvino nos remonta al anhelo de una ciudad vivible y no esa estructura frívola pensada para vigilar y castigar,  que se refugia en estructuras como el panóptico de corte foucaultiano, y el no menos conspirador simulacro del pensamiento baudrillardiano, para sugerirnos que la ciudad es sobre todo ese pedacito de espacio en donde se desarrollan las dinámicas sociales y por tanto nada es más extraño que una mega-ciudad que potencializa la individualidad, el orden y lo efectista de la vida.

Del estudio del color al color como esencia de la forma-contenido

Si observamos por un instante el trabajo pictórico y su ponderación cromática podríamos puntualizar desde un análisis histórico vanguardista que su trabajo se encasilla en la esfera del neo-puntillismo con influencias del fauvismo más radical, gracias a esa feroz disposición cromática y la pureza de los colores, que recordando un poco de la historia del arte nos remiten al éxito y la popularización del acrílico (inventado en la época) que permitió tanto a impresionistas como a fauvistas ejercer fuerza en la paleta cromática, y que hoy en día con eficacia de la tecnología permite igualmente al artista  posicionar una gama de color (fosforescentes) que antes eran simplemente impensadas.

Tal como cuando uno goza de una cromática embelesadora, al igual que los colores exóticos de los más bellos animales, estas obras tienen esa dulzura hipnotizadora que atrae al ingenuo espectador, sin saber que así mismo como los animales, el color es la forma de atraer para inyectar en lo profundo de su ser un veneno, así mismo los trabajos de Q. Zhiñin logran alucinar al espectador para acercarse a lo inimaginable, ese espectador es atraído a presenciar un sinnúmero de contenidos que profundizan en el caos de lo urbano, efectuando una suerte de veneno crítico una vez que el público se siente atraído por la belleza cromática.

Así mismo desde lo cromático-filosófico pensaríamos en su trabajo como el Caleidoscopio de Bataille, ese instrumento en donde la fragmentación de una historia se va conjugando en múltiples capas de color -de historia- para configurar un todo caótico que llega a tener un orden casi cosmonal.

Los adhesivos y la posmodernidad de la pintura

Si el Impresionismo agregó ciencia al arte basado en la teoría del color y como ésta se deposita en los objetos a manera de luz, estos adhesivos que el artista coloca en sus obras agregan ironía al proyecto generando un recorrido histórico que va desde la subjetividad del arte pasando por la ciencia del arte a la filosofía del arte, cuando la reflexión por el uso de las calcomanías ya no es más que una suerte de entrada posmoderna a la intranquilidad del bricolaje, pero sobre todo aporta en el debate de lo descartable, de lo reusable y desechable de la cultura, del mismo arte, de lo instantáneo y facineroso, pegar y despegar es un acto de banalización del fenómeno cultural en donde el sello, la marca, el logo, se antepone a lo artesanal y lo laborioso.

Del personaje-ciudad

 En el interior del proceso hermenéutico de su trabajo son indudablemente llamativos los personajes recortados en cartón, ese cartón que los arquitectos usan de maquetas y que la gente común usa para embalar y empaquetar, de alguna manera nos remite desde la materialidad nuevamente a la urbe, y en este sentido creo que el artista nunca dejará su esencia urbana, pero esta vez el grafiti ya no es la reencarnación de un mural, ni es representado como iconografía dentro de un trabajo de pared, esta vez surge la esencia misma del grafiti, el problema de las ciudades, y es que en cada uno de sus personajes lo que uno descubre es, ya no solo el personaje vivo y colorido sino una verdadera conglomeración de habitantes, al acercarse y observar detalladamente cada uno de los personajes, estos se presentan en primera dimensión como seres inventados en la cabeza del artista; sin embargo, cuando uno lo piensa un poco más puede ver cámaras de seguridad objetos y formas que están en otra dimensión, esto nos llevaría a entender a estos personajes como verdaderos complejos urbanos cuya acumulación y aglomeración caótica encuentra vida propia, al lograr ver ciudades enteras con luces, con autopistas, en donde las cámaras de seguridad cumplen la función foucaultiana de vigilar y castigar, temor de todo grafitero pretende evadir pero sobre todo burlar; -de echo pienso- que el éxito de un buen grafiti no solo está en su estética, su mensaje, su sofisticación o en la elaboración de sus códigos personales que le hacen único, sino está en ese espacio-tiempo que tiene que calcular el artista antes de ser visto, ya que el tiempo le agrega la cuarta dimensión a la obra, ese tiempo ingrato en que la cámara de seguridad da su recorrido o el tiempo que el  guardia o la policía llega a la escena es el tiempo personal, ese tiempo de adrenalina que fluye pareciera que permite hacer de esta una práctica que lleva el arte a otro nivel, el nivel del riesgo que jamás podrá entenderse desde la cómoda posición del caballete.

Entendido así, cada personaje es una ciudad vista en perspectiva aérea, un núcleo social, un conglomerado en definitiva una metrópoli con sus propios suburbios, zonas marginales y por supuesto zonas rosas, que en su diversidad posee ese orden cosmonal (del que ya hablamos al comienzo) que genera una unidad, un individuo (que no se puede dividir), a su vez ese universo (único) está rodeado de multiversos con los cuales convive, y genera en su agrupación otra unidad reproduciendo esa ley al infinito, y esto es lo que le da el toque mágico de ciudad imposible, tal cual las ciudades de Calvino por ejemplo. La ciudad bidimensional, la ciudad microscópica que se ensancha y se desarrolla concéntricamente con otras ciudades en expansión, o la ciudad telaraña que se encuentra suspendida sobre un abismo, y tantas más, pensado así, la ciudad imaginada de Zhiñin es un sueño que nace de la utopía de que otro mundo es posible y de ahí su importancia.

Hernán Pacurucu C.
Crítico y curador de arte contemporáneo
hernanpacurucu.blogspot.com

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