En la boca del jaguar de montaña, todo el mundo es un colibrí danzante

En la boca del jaguar de montaña, todo el mundo es un colibrí danzante

Karen Miranda Rivadeneira

del 13 de diciembre, 2019 al 10 de enero, 2020

Inauguración: viernes 13 de diciembre 19h30

“En la boca del jaguar de montaña, todo el mundo es un colibrí danzante” combina narraciones colectivas que tienen lugar en una pequeña región de las montañas andinas del Ecuador. Hay una propensión a que suceda lo extraordinario cuando uno juega con los límites de lo que es posible. El espíritu de las montañas me recordó que no tomara fotografías; las instancias que capturé se presentaron y mi tarea fue pedir permiso para tomarlas prestadas. La maravilla, en palabras de un Yachaj, es lo que se fija en la sublimidad y sustancia de la vida del cuerpo; los truenos, la tundra, la lluvia, el viento, las plantas se perciben como miembros de la comunidad.

Este cuerpo de trabajo otorga agencia al genio colectivo de una comunidad, creando ríos de historias dentro. La colaboración nació de la espontaneidad y el juego, y las intervenciones de Julio nacieron de la curiosidad por ver cómo las historias se entrelazan y viven juntas en un espacio. “La boca del jaguar de montaña” es la entrada a las vértebras de una tierra que ha sido testigo; ha soportado y vivido durante siglos de colonización estética para volver a ser resembrada, encarnada y reclamada como una danza/relación atemporal con la naturaleza.

La tierra y el cuerpo…

“…Viajé a un bosque húmedo llamado Kashka Totoras, donde supuestamente vive un oso… fui a escuchar su gruñido, pero en lugar me dio fiebre de altitud. Luego me encontré con el único paradero de guineos en tan remota y alta área, y una vendedora amable que me dejo fotografiarla…descendí de ese bosque y camine por un área llena de plantas de leche, y vacas haciendo lo que las vacas hacen, seguí a una procesión de la virgen y una celebración de carnaval que rodeaba todo el pueblo… Unos días después viajé al este a una región mas familiar y vi a una sanadora a la distancia, sanando a una mujer entre plantas y arboles de eucalipto. La encontré a Mama Matilde y le tomé una foto en su ducha de los jueves en el mismo lugar donde hace sus limpias… visitamos a una amiga que su casa solo se puede acceder en los amaneceres. Al final de la semana descendí a San Miguel del Bolívar y en la noche me hice amiga de un joven en la plaza que nunca ha comido pizza o tomado Coca-Cola, su rostro brillaba como un danzante bajado de la montaña o un Hare- Krishna al amanecer. En mi ida hacia otra región y finalizando este viaje en la provincia, capture un momento en el aire; el beso y el rezo del señor Francisco brindándole y agradeciendo con fuego y alcohol al taita Chimborazo…

Diario, semana cinco, del año 20k16

karenmiranda.com