Cuando las restricciones de movilidad relacionadas a la pandemia apenas comenzaban en Quito, La Cueva se encontraba visitando los espacios de producción de 13 artistas residentes de la ciudad. Pandémicos o no, los tiempos creativos, siempre conciben modos para franquear cualquier restricción, la bioseguridad fue sólo una de ellas. Cada obstáculo que emergía en relación a cada visita abría una reflexión constante sobre nuevas formas de entender la cualidad social del espacio.

En Quito, los Talleres Abiertos fueron parte de una agenda cultural, cuya iniciativa formaba parte del Verano de las Artes, donde artistas locales abrían las puertas de sus espacios de creación a la comunidad. En el 2019 fue su última edición, derivado del cierre de actividades culturales a causa de la crisis sanitaria. No obstante, otras apuestas en la ciudad, como las propuestas por el Centro de Arte Contemporáneo, han generado, desde lo público, programas de reflexión y praxis artística en instancias como residencias y talleres de artistas. Otros ejes que consideramos interesante para el análisis, toman en cuenta investigaciones de varios años, como los proyectos gestados en No Lugar, quien desde la autonomía de su gestión, ha generado también residencias para artistas nacionales e internacionales. Por último, encontramos oportuno destacar el trabajo realizado por el Colectivo La Selecta con su investigación sobre las huecas de Quito en 2013, a partir de la cual, publicaron un libro y estructuraron una exhibición con los resultados obtenidos.

En este sentido, cabe señalar que La Cueva no es una reinvención de trabajos previos, sino un insistir en la visibilización de una “escritura terrestre”.

Abrazar la contradicción del romance, entre el taller y el rol del artista, es un punto de partida dentro de la propuesta, no de llegada. La creencia de que el arte se genera únicamente desde un espacio de producción, es un desafío para quienes deseamos esclarecer las prácticas artísticas contemporáneas. Es por eso que La Cueva se apropia de la representación de los talleres, pero continúa con entrevistas y resignificaciones de este “lugar adecuado”. Así, la metodología de la visita, toma en cuenta como origen del proyecto, la investigación colaborativa de Edgar Dávila Soto #StudioVisitUIO, un reconocimiento a la imaginación espacial de cada artista documentado. Asistir a estos lugares de magia, cómo Edgar los llama, es reivindicar no sólo los núcleos de creación individual que aportan a un saber colectivo, sino que también transparentan una noción de “sitio seguro”, como extensión de una comunidad que prioriza lo mental y sensible concebida como una red de ideas, en continua generación e intercambio, que determinan las relaciones con los demás y que afectan la forma en la que se percibe el mundo afectivo.

El trabajo en La Cueva, por tanto, nos ha llevado a entender este proceso de investigación como una curaduría compartida, que apela a la estética de la conversación o “lección subterránea”, una posibilidad para descentralizar las artes en diferentes escalas. El proceso podría ser entendido entonces como; un aprendizaje mutuo de largo aliento, de un quehacer que no se limita a una disciplina, sino a profundizar en la búsqueda de aliados, comprometidos a ser parte de un proceso que puede permanecer en el presente o aparecer en un futuro posible. El romance es más bien, el fin y un inicio. Movidos por el afecto de retratar los espacios, se encuentran contradicciones en el quehacer, que constituyen otras expresiones de racionalidad.

Siguiendo ese movimiento interior, los perfiles de esta primera edición, son humanos que nos inspiran, artistas jóvenes de corta o mediana trayectoria, que manejan distintos tipos de medios y saberes “buscábamos prácticas contemporáneas que extiendan la noción del espacio de producción y por consiguiente, ampliaban el conocimiento sobre la profesión”. Sea con sus modos de performar, en su lugar de vivienda-estudio, con sus recorridos y desplazamientos, en sus formas de hacer, mediados por la colaboración y la virtualidad o con sus especulaciones, siendo contenido de varios mundos dentro de uno. Las experiencias concretas y las realidades paralelas que incluimos, contribuyen y complejizan lo reflejado materialmente por los espacios de creación.

Los espacios de producción artística se encuentran en ese vaivén, en un lugar que existe a través del ejercicio, de recrear hábitats que respondan a una continua emergencia. Monoetéreo, es un concepto inventado, quizás para nombrar la premura con la que podríamos repensar continuamente el m2 que ocupamos. Es un espacio intangible, de bordes difusos o poco definidos, quizás, es una ilusión o es la idea de un lugar añorado. Las obras que conforman la exhibición, dialogan  entre sí enlazadas por una misma sensación, un mañana. Son palpitaciones de una condición del mundo, que titubea e interpela, sobre el lugar en el que realmente queremos estar, como un cuestionamiento persistente.

El formato de exhibición aborda los objetos artísticos como un instante que se singulariza subjetivamente. La exhibición se irá construyendo de manera prolongada, durante un lapso de dos semanas. A partir del momento de la apertura y consecutivamente, cada dos días, nuevas obras entrarán en la galería-taller, para sumarse a las que previamente fueron ya instaladas. Seguido de pausas, los objetos involucran una eventualidad, de la experiencia de visitar un lugar que, por momentos, abarca distintas espacialidades. Seremos invitadxs temporales, que acoplen significados, a ese lugar que no es un único objeto o una forma rígidamente definida. Sino una conducta que voluntariamente “sabe estar en más lugares y sabe ser más de uno”.

Eukarya

*escritura terrestre: Especies de espacios de Georges Perec
*Lección subterránea: estética de la conversación, del deambular, de toparse con gente y hablar, fantasear, sin rutinas avasalladoras ni exámenes de comprobación. Una educación sentimental. Diccionario práctico-utópico de ficción/abstracción de Beta-Local, organización puertorriqueña, sin fines de lucro, dedicada a apoyar y promover la práctica y el pensamiento estético.

LA CUEVA 

Los detalles de este proyecto aluden a un mundo cambiante, sin representación estática y a una altitud casi imperceptible. Nos dimos cita en Quito, a principios del 2020, visitando espacios de creatividad y, a la vez, de confinamiento. Esta primera edición, es un registro prolongado en el tiempo de las nuevas generaciones de artistas ecuatorianxs, ha sido construida en base a una serie de recorridos y visitas a los talleres de sus protagonistas. La exhibición es parte del proyecto La Cueva: un puñado de personas que exploran espacialidades y experimentan con distintas narrativas periodísticas y comunicacionales, con el objetivo de difundir, documentar y analizar los procesos creativos del arte local.

Doce artistas abrieron sus puertas al proyecto. Se idearon momentos para entrevistar a Leo, Moisés y Fernanda. Se pronosticaron coincidencias para fotografiar a David, Irene y Brenda. Se intercambiaron mails para conciliar con Pablo o Rocío. Se percibieron señales para visitar a Ricardo, Tian y Jaime. Se reprogramaron con frecuencia muchas de las citas, que de a poco, se acoplaron a su correspondencia. Los encuentros se desenvolvieron en su mayoría en un escenario virtual de entrevistas vía mail y vía Zoom. Luego, las visitas permitieron un acercamiento más palpable, de reconocer lo expresado en las entrevistas y enlazar la materialidad de los espacios con el testimonio de cómo lo perciben sus dueñxs, transformándose en un archivo visual en conexión a todo el diálogo anteriormente compartido.

Nos gusta pensar que el contenido recorrido se aproxima desde la narrativa transmedia y, por ello, la intención de visitar los espacios de producción, fue perseguir esta convivencia. Parte de la comunicación transmediática implica comunicar a través de distintos canales comunicacionales o medios. El primero de ellos fue una serie de sesiones musicales, grabada en distintos talleres, la cual buscaba poner en evidencia las similitudes entre las prácticas de sus respectivos dueños con algunos proyectos musicales, también de la capital.

Esta rama del proyecto fue co-producida con Radio COCOA. La segunda rama fue el registro fotográfico y testimonial de lxs artistas que forman parte de esta selección y, el tercero, es esta muestra de arte, a manera de un formato presencial, que tiene el fin de dar a conocer a la audiencia cuáles son las piezas o productos artísticos que salen de los espacios retratados en el proyecto editorial.

El proyecto, de alguna manera, es la continuación de la serie #StudioVisitUIO, realizada por el fotógrafo E. Dávila Soto  desde 2016. Para poder armar una primera selección de artistas a quiénes visitar, acudimos a nuestras amigas de Eukarya, quienes nos ayudaron a establecer un grupo de artistas que se desenvuelven en un abanico diverso de disciplinas y a la vez son parte de una generación fresca de artistas locales, todo con el fin de analizar y conocer de cerca el proceso creativo del Arte en sus diversas formas, dentro del contexto -por ahora- quiteño, apuntando a que con el tiempo se expanda a otros territorios y otros puntos de vista.

El proyecto también apunta a ejercer un periodismo artístico profundo, sin miedo al error, que explore en las posibilidades de la comunicación contemporánea para llegar a nuevos públicos, involucrados con el sector de maneras creativas y generar material digno de análisis y conservación.

Juan S. Jaramillo

Fotografías: Edgar Dávila Soto

#STUDIOVISITUIO

Visitar talleres de artistas no es nada nuevo. En ello existe la magia de presenciar la creación y los procesos profesionales de cada uno. StudioVisitUIO es  un ensayo visual que está soportado por  fotografia que tiene como finalidad documentar el proceso actual del arte local  como un recurso para exponer, resguardar y reconocer el trabajo de los artistas de Ecuador.

“Esta serie fotográfica  explora los talleres de varios artistas ecuatorianos. Músicos, editores, ilustradores, artistas aparecen en la intimidad de sus estudios, fotografiados en sus tareas cotidianas. A veces creando, a veces pensando. Como decía Fig: entre lo sublime y lo mundano. En algunos casos, no aparece nadie en la fotografía: está solo el espacio, ocupado por la obra, como en reposo, como una cueva que espera que el animal retorne” – José María León, GK.

La cueva es el espacio apropiado. Es el lugar habitado. Es el sitio elegido por cada uno para llevar a cabo sus procesos. En estos lugares podemos acercarnos, sensibilizarnos. Retratar su espacio es un acto íntimo que permite conocer profundamente al creador y lo creado.

#StudioVisitUIO es La Cueva, un proyecto conformado por un equipo multidisciplinario abierto a la investigación contínua sobre la relación con el arte contemporáneo local. La serie fotográfica con más de 6 años de investigación continúa vigente, se nutre cada vez más con la mirada despierta de un equipo que cree en el poder de la comunicación cultural.  Confiando en los auténticos poderes que intrínsecamente tiene el arte, queremos extender una invitación a entablar conversación sobre nuevos y mejores encuentros para la contínua creación de mejores espacios para los artistas y gestores culturales.

Edgar Dávila Soto (EDS)